Es posible escuchar entre algunos autores que los comportamientos egoístas en sociedad también hacen posible un tipo de cooperación (el mercado es el ejemplo paradigmático). Yo también estoy de acuerdo. Sólo me gustaría comentar un ejemplo muy cotidiano que indica que incluso este tipo de comportamiento podría tener bases biológicas. Supongamos que voy caminando por la calle, mirando a mi alrededor atento pero no paranoico. Supongamos que otra persona viene en sentido contrario, chateando por el aparatito idiota sin prestar atención a lo que hay alrededor o, en algunos casos, conversando con otra persona muy concentradamente, tanto que sólo se preocupa de lo que dice sin prestar atención a lo que la rodea (supongamos que quien lo acompaña también lo hace, algo que seguro que nos ha pasado a todos alguna vez). En esta circunstancia es altamente probable que una de esas personas me choque o, en el mejor de los casos, no se hará a un lado para dejarme pasar. Sin embargo, puedo hacer algo para llamar sutilmente su atención sin interactuar con alguno de ellos. Supongamos que hago un ruido fuerte cuando esté cerca de ellos (toso, hablo súbitamente o arrastro el pie en el suelo). Aquí, al menos una de las 2 personas se impresionará y prestará atención al camino, con lo que hará algo para dejarme pasar (lo más probable, moverse a un lado si me empeño en seguir por mi dirección). Pero, ¿qué motiva a alguna de esas personas a dejar la actividad que estaba haciendo? Me atrevería decir que es un instinto de supervivencia. Si alguna persona capta un súbito ruido o fuerte o, en general, algo fuera de lo normal, su primer instinto será ponerse a salvo (ya sea de un tropezón, un choque o incluso un posible robo de quien pasa por el lado), pero lo curioso es que para lograr esto debe, en cierta manera, cooperar con la otra persona que le ha llamado la atención.
Con todo, tenemos a grandes rasgos una conducta cooperativa basada en motivos egoístas.